La busqueda del santo Grial
La busqueda del santo Grial Así se quedó Galaz con Yván, que le haría compañía hasta que se supiera la verdad del asunto. El rey Bandemagus tomó el camino, junto con su escudero, y cabalgó durante más de dos leguas, hasta llegar a una explanada que había delante de una ermita, al fondo del valle. Mira hacia la ermita y ve venir de aquella parte un caballero con armas de color blanco que avanzaba tan deprisa como podía su caballo; tenía la lanza bajada y la empuñaba contra él. Al verlo venir se preparó enderezándose; quiebra en él la lanza, que vuela en trozos; pero el caballero blanco, que lo cogió por sorpresa, le da tan fuerte que le rompe las mallas de la loriga, metiéndole por medio del hombro izquierdo el cortante hierro; lo ensartó sin dificultad, como el que tiene valor y fuerza, derribándolo del caballo a tierra. Al caer, el caballero le quita el escudo del cuello y le dice, en voz alta para que lo oyeran tanto él como el escudero:
—Señor caballero, fuisteis demasiado atrevido y necio al colgar este escudo de vuestro cuello, pues no está permitido que lo lleve ningún hombre si no es el mejor caballero del mundo. Y por vuestra falta, me envió Nuestro Señor para que tomara venganza.
Después de decir esto, se dirige al escudero, diciéndole: