La busqueda del santo Grial
La busqueda del santo Grial —Muchas gracias —dice Melián—. Os pido ahora que me dejéis ir con vos a esta Búsqueda hasta que el destino nos separe y, después, si el destino nos vuelve a juntar, no me quitéis vuestra compañía para dársela a otro.
Ordena entonces que le traigan un caballo, pues quiere ir con Galaz; así se hace, y ambos se van de allí. Cabalgaron todo el día y toda la semana. Un martes por la mañana llegaron a una cruz que bifurcaba el camino; al acercarse, encuentran talladas en la madera de la cruz letras que decían: «TENTE, CABALLERO QUE VAS BUSCANDO AVENTURAS. HE AQUÍ DOS CAMINOS; UNO A LA DERECHA Y OTRO A LA IZQUIERDA. TE PROHÍBO QUE ENTRES EN EL DE LA IZQUIERDA, PUES DEBE SER MUY ESFORZADO EL QUE EN ÉL ENTRE, SI ES QUE QUIERE SALIR; SI ENTRAS EN EL DE LA DERECHA, MORIRÁS PRONTO».
Cuando Melián vio estas letras, dice a Galaz:
—¡Ay!, franco caballero, por Dios, dejadme entrar en el de la izquierda, pues así podré probar mi fuerza y saber si en mí habrá valor y atrevimiento que me proporcionen elogios propios de un caballero.
—Si así lo hubierais querido —le contestó Galaz—, yo habría ido, pues quizás saldría mejor que vos.
Y le dice que no entrará. Así se separan el uno del otro y toma cada uno su camino.