La busqueda del santo Grial

La busqueda del santo Grial

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Aquél dijo que se llamaba Melián y que era hijo del rey de Dinamarca.

—Buen amigo —dijo Galaz—, ya que sois caballero y de tan alto linaje como de rey y de reina, procurad que la caballería sea siempre bien empleada en vos, de forma que el honor de vuestro linaje quede siempre salvo; tened en cuenta que hijo de rey que recibe la orden de caballería, inmediatamente debe resplandecer sobre los demás caballeros en bondad, del mismo modo que el rayo de sol resplandece por encima de las estrellas.

Él responde que, si Dios quiere, el honor de la caballería quedará bien a salvo en él, pues por muchas penas que tenga que sufrir, no se detendrá ante nada. Galaz pide entonces sus armas y se las llevan; Melián le dice:

—Señor, gracias a Dios y a vos que me habéis nombrado caballero tengo tal alegría que casi no la puedo expresar; bien sabéis que es costumbre, que el que nombra caballero no debe rechazar el primer don que le pida el novel, si se trata de algo razonable.

—Decís verdad —dice Galaz—, pero ¿por qué lo habéis dicho?

—Porque quiero pediros un don —le responde— y os ruego que me lo concedáis, pues es una cosa que no os perjudicará.

—Yo os la otorgo, siempre que no sirva de afrenta.


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