La busqueda del santo Grial
La busqueda del santo Grial Allí estuvo tres días, al cabo de los cuales le preguntó a Melián cómo estaba; éste le contestó que iba curándose.
—Entonces —le dijo— podré irme mañana.
—¡Ay! Señor Galaz —responde afligido Melián—, ¿me vais a abandonar aquí? Soy el hombre que en este mundo más desea vuestro acompañamiento, si lo pudiera mantener.
—Señor —le dice Galaz—, yo no os sirvo para nada aquí; tengo que hacer cosas más necesarias que descansar y tengo que seguir mi camino en busca del Santo Grial.
—¿Cómo? —dice uno de los frailes—, ¿ha empezado ya la Búsqueda?
—Sí —le responde Galaz—, y nosotros dos somos compañeros en ella.
—Por mi fe —dice el fraile—, señor caballero enfermo, esta desdicha os ha venido por vuestros pecados. Si me dijerais vuestras andanzas desde que comenzó la Búsqueda, os señalaría por qué pecado os sucedió.
—Señor —respondió Melián—, os lo contaré todo.