La busqueda del santo Grial
La busqueda del santo Grial Cuando oye esto, les deja avanzar con la lanza enfilada, hiriendo al primero, de tal forma que lo derriba a tierra y casi le rompe el cuello. Todos los demás le atacan a la vez, golpeándole sobre el escudo, pero no pueden moverlo de la silla, aunque por la fuerza de las lanzas detienen al caballo en plena carrera y casi lo tiran. En este encuentro se quebraron todas las lanzas y Galaz derribó a tres con la suya. Desenvainó la espada y atacó a los que estaban delante de él y lo mismo hicieron ellos: comienza así una gran pelea peligrosa. Mientras tanto, los que habían caído han vuelto a montar; la pelea es aún mayor ahora que antes. El mejor de todos los caballeros se esfuerza tanto que les hace perder terreno; les golpea con la cortante espada con tal vigor que no hay armadura que les pueda proteger y que impida que les salga la sangre del cuerpo. Lo encuentran tan fuerte y tan rápido que no creen que sea hombre mortal: no hay hombre en el mundo que pueda resistir la mitad de lo que él ha resistido. Ellos desfallecen, pues ven que no lo pueden mover del lugar y lo encuentran con la misma fuerza que al principio. Y es verdad, como lo atestigua la historia del Santo Grial, que en hechos de armas no hubo nadie que lo viera cansado.