La busqueda del santo Grial
La busqueda del santo Grial La batalla duró hasta el mediodía. Los siete hermanos eran de gran valor, pero cuando llegó esta hora se encontraron tan cansados y tan malparados que no tenían fuerzas para defender su cuerpo. Y Galaz, que nunca se confesó vencido, los fue derribando de los caballos. Cuando ellos ven que no podrán resistir más, se vuelven huyendo. Al verlos, Galaz no los persigue, sino que se dirige al puente por donde se entraba al castillo, en donde encuentra a un hombre cano vestido con hábito de religión que le da las llaves de dentro diciéndole:
—Señor, tomad estas llaves; ahora podéis hacer del castillo y de los que están en él lo que queráis, pues habéis hecho tanto que el castillo es vuestro.
Él toma las llaves y entra en el castillo. Tan pronto como está dentro ve por entre las calles a muchas doncellas, tantas que no sabe cuántas son. Todas le dicen:
—Señor, sed bienvenido. Mucho hemos esperado nuestra liberación; bendito sea Dios que os ha traído aquí, pues de otra manera no habríamos sido libradas nunca de este doloroso castillo.
Él les contesta que Dios las bendiga y entonces le toman el caballo por el freno y lo llevan a la gran fortaleza haciéndole desarmar casi por la fuerza, pues él decía que aún no era tiempo de albergar; una doncella le dice: