La busqueda del santo Grial
La busqueda del santo Grial —¡Ay!, señor, ¿qué es lo que decÃs? Ciertamente, si vos os vais asÃ, los que han huido por vuestro valor volverán esta misma noche y volverÃa a empezar la dolorosa costumbre que han mantenido durante tanto tiempo en este castillo, y asà vuestro trabajo hubiera sido en vano.
—¿Qué queréis que haga? Estoy dispuesto a hacer vuestra voluntad siempre y cuando yo vea que es conveniente hacerlo.
—Queremos —dice la doncella— que convoquéis a los caballeros y vasallos de la comarca que tienen sus feudos por este castillo y que les hagáis jurar a ellos y a los demás que nunca más mantendrán esta costumbre.
Él se lo otorga, y cuando ellas le hubieron llevado hasta la dependencia principal, descabalga, se quita el yelmo y sube después al palacio. Allà salió una doncella de una cámara que llevaba un cuerno de marfil recubierto muy ricamente de oro. Se dirige a Galaz y le dice:
—Señor, si queréis que vengan los que a partir de ahora han de tener esta tierra por vos, tocad este cuerno que se puede oÃr sin dificultad a diez leguas.