La canción de Rolando
La canción de Rolando —Por esta diestra mÃa, y por la barba que flota al viento sobre mi pecho, al momento veréis deshacerse el ejército del adversario. Los francos regresarán a Francia: es su paÃs. Cuando cada uno de ellos se encuentre nuevamente en su más caro feudo, y Carlos en Aquisgrán, su capilla, tendrá, para San Miguel, una gran corte. Llegará la fiesta, vencerá el plazo: el rey no tendrá de nosotros palabra ni noticia. Es orgulloso, y cruel su corazón: mandará cortar las cabezas de nuestros rehenes. ¡Más vale que asà mueran ellos antes de perder nosotros la bella y clara España, y padecer los quebrantos de la desdicha!
Los infieles dicen:
—Quizá tenga razón.
EL REY MARSIL ha escuchado a sus consejeros. Llama a ClarÃn de Balaguer, EstamarÃn y su par EudropÃn, y a Priamón y Guarlan el Barbudo, y a Machiner y su tÃo Maheu, y a Jouner y a Malbián de Ultramar, y a BlancandrÃn, para hablar en su nombre. Entre los más felones, toma a diez aparte y les dice:
—Señores barones, iréis hacia Carlos. Está ante la ciudad de Cordres, a la que ha puesto sitio. Llevaréis en las manos ramas de olivo, en señal de paz y humildad. Si gracias a vuestra habilidad, podéis llegar a un acuerdo con él, os daré oro y plata a profusión, tierras y feudos a la medida de vuestros deseos.
—¡Nos colmáis con ello! —dicen los infieles.
