La canción de Rolando
La canción de Rolando MALPRIMIS cabalga por todo el campo, haciendo gran matanza entre los de Francia. El duque Naimón lo mira con fiereza y lo acomete con gran denuedo. Le rompe el brocal de su escudo, le desgarra los dos faldones de su cota, le hunde en la carne todo su gonfalón amarillo y lo derriba muerto entre los que yacen innumerables.
EL REY CANABEU, hermano del emir, clava fuertemente las espuelas en su corcel. Ha desnudado su espada, cuyo pomo es de cristal. Golpea a Naimón sobre el yelmo; se lo parte en dos mitades, cortando cinco lazos con su espada de acero. De nada le sirve el capacete; le hiende la cofia hasta la carne y cae por tierra un pedazo. El golpe fue rudo, el duque está como fulminado. Va a caer, mas Dios le ayuda. Con ambos brazos se aferra al pescuezo de su montura. Si el infiel lo vuelve a herir. Hallará la muerte el noble vasallo. Para prestarle socorro se acerca Carlos de Francia.
GRAN ANGUSTIA oprime al duque Naimón. Y lo amenaza el infiel con repetir al instante su golpe. Carlos le dice:
—¡Truhán, en mala hora atacaste a ese hombre!
En su intrepidez, acude a herirlo. Rompe el escudo del infiel y se lo aplasta contra el corazón; le parte el ventalle de su armadura y lo derriba muerto: la silla queda vacía.