La canción de Rolando
La canción de Rolando CARLOMAGNO, el rey, está penetrado de dolor al contemplar a Naimón herido ante sus ojos y viendo cómo se derrama la clara sangre sobre la hierba verde. E inclinándose sobre él, le dice:
—Gentil duque Naimón, cabalgad a mi lado. Ya pereció el truhán que os acosaba. El cuerpo le traspasé con mi pica.
Y responde el duque:
—Señor, en vos confío; si sobrevivo, nada perderéis.
Después, con todo afecto y toda fe, cabalgan juntos, y con ellos veinte mil franceses. Ni uno de éstos deja de cortar y herir.
EL EMIR cabalga por el campo. Acude a herir al conde Guinemán. Contra el corazón le aplasta su escudo blanco, destroza los faldones de su cota, le abre en dos el pecho y lo derriba muerto de su rápida montura. Después da muerte a Gebuino y Lorenzo y a Ricardo el Viejo, señor de los normandos. Los infieles exclaman:
—¡Bien demuestra Preciosa su valía! ¡Atacad, sarracenos, que hay quien vele por nosotros!
