La canción de Rolando
La canción de Rolando CARLOMAGNO, el rey, asesta prodigiosos mandobles. Y con él, Naimón el duque, Ogier el Danés y Godofredo de Anjeo que es portador del estandarte. Y entre todos sobresale por su bravura mi señor Ogier el Danés. Espolea su corcel, lo lanza con gran brío y acude a herir al que lleva el dragón, con fuerza tal que al instante derriba ante sí a Amborio, con el dragón y la enseña del rey. Contempla Baligán cómo cae su gonfalón y se abate el estandarte de Mahoma. Entonces comienza a comprender el emir que el error lo acompaña y que el derecho va con Carlomagno. Los infieles de Arabia se aprestan a la retirada. El emperador exhorta a sus franceses:
—¡Decid, barones, por Dios, si habréis de socorrerme! Y los francos responden:
—¿Por qué preguntarlo? ¡Felón es quien no luche a porfía!
DECLINA el día y ya se acerca el crepúsculo. Francos e infieles combaten con sus espadas. Los que han hecho enfrentarse estos ejércitos son ambos valerosos. No echan a olvido su divisa:
—¡Preciosa! —exclama el emir.
Y Carlos le responde con su célebre grito de guerra:
—¡Montjoie!
