La canción de Rolando
La canción de Rolando —¡Cruel es para nosotros este lance! —dicen los infieles.
Y Rolando responde:
—No han de serme gratos los vuestros. ¡Con vosotros va el orgullo y la sinrazón!
HAY ALLÍ un africano, oriundo de África: Malquidán es su nombre, hijo del rey Malquid. Llevan sus armas incrustaciones de oro y relampaguean al sol, por sobre todas las demás. El caballo que monta se llama Saltoperdido; no hay otro que pueda igualarlo a la carrera. Acomete a Anseís y le asesta un mandoble sobre el escudo, partiéndole los cuarteles de bermellón y de azur. Le desgarra los paños de su cota y le hunde en el cuerpo su pica, hierro y madera. Muerto está el conde, terminó su tiempo.
—Lástima de vos, barón —exclaman los franceses.
VA POR EL campo Turpín, el arzobispo. Jamás cantó misa tonsurado alguno que llevara a cabo tales hazañas por su mano. Dícele al infiel:
—¡Así te envíe Dios todos los males! Has matado a uno caro a mi corazón.
Azuza a su buen corcel y asesta sobre el escudo toledano del sarraceno golpe tal que lo derriba muerto sobre la hierba verde.
