La canción de Rolando
La canción de Rolando —¡Señor Rolando, y vos, señor Oliveros, por Dios os ruego que pongáis fin a esta querella! Tocar el cuerno no podrÃa ya salvarnos, mas tocadlo de todos modos, será mucho mejor. Vendrá el rey y podrá vengarnos: no habrán de retornar alegres los de España. Nuestros franceses echarán aquà pie a tierra y nos encontrarán muertos y mutilados; nos pondrán en ataúdes, nos cargarán en acémilas y nos lloraran, llenos de dolor y piedad. Nos darán sepultura en atrios de iglesias y no seremos pasto de los lobos, los cerdos y los perros.
—¡Bien hablasteis, señor! —responde Rolando.
ROLANDO lleva el olifante a sus labios. Lo emboca bien y sopla con todas sus fuerzas. Los montes son altos y larga la voz del cuerno; a treinta leguas se escucha prolongarse su sonido. Carlos lo oye, y como él todos sus guerreros. Exclama el rey:
—¡Han trenzado combate los nuestros!
Y Ganelón responde, llevándole la contraria:
—Si otro fuera quien tal dijese, ciertamente se le tacharÃa de gran embustero.
EL CONDE Rolando, con esfuerzo y grandes espasmos, toca dolorosamente su olifante. Por su boca brota la sangre clara, y se ha roto su sien. El sonido del cuerno se difunde a lo lejos. Carlos, que cruza los puertos, lo ha oÃdo. El duque Naimón escucha y como él todos los francos. Y exclama el rey:
