La canción de Rolando

La canción de Rolando

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—¡He aquí algo bueno! Así debe mostrarse un caballero, portador de buenas armas y jinete en buen caballo: fuerte y altivo en la batalla, o de otro modo no vale cuatro ochavos. ¡Mejor fuera que se metiera a monje en un monasterio para rogar todos los días por nuestros pecados!

Y responde Rolando:

— ¡Herid, no les hagáis merced!

A tales palabras reanudan el combate los franceses. Mas los cristianos sufrieron grandes pérdidas.

CXLII

AL SABER que en tal batalla no habrán de hacerse prisioneros, todos se defienden con fiereza. Por ello los franceses se tornan más audaces que leones. He aquí que hacia ellos viene, como verdadero barón, el rey Marsil. Cabalga en un corcel al que llama Gañún. Clava fuertemente las espuelas y corre a herir a Bevón, señor de las tierras de Dijón y de Beaune. Le rompe el escudo, le desgarra la cota y sin que sea menester dar otro golpe, lo derriba muerto. Luego mata a Ivon y a Ivores; y con ellos a Gerardo de Rosellón. El conde Rolando no anda lejos, y le dice al infiel:

—¡Dios te maldiga! ¡Tan injustamente has dado muerte a mis compañeros! Antes de que nos separemos habrás de pagarlo, y conocerás el nombre de mi espada.

Como cumplido barón lo acomete y le corta la muñeca derecha. Luego le rebana la cabeza a Jurfaret el Blondo, hijo de Marsil.


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