La historia de Simbad el marino
La historia de Simbad el marino Cuando desperté no vi ya a ninguno de los pasajeros, y el navío había partido sin que nadie se enterase de mi ausencia. En vano hube de mirar a derecha y a izquierda, adelante y atrás, pues no distinguí en toda la isla a otra persona que a mí mismo. A lo lejos se alejaba por el mar una vela que muy pronto perdí de vista.
Entonces quedé sumido en un estupor sin igual e insuperable, y sentí que mi vejiga biliar estaba a punto de estallar de tanto dolor y tanta pena. Porque ¿qué podía ser de mí en aquella isla, habiendo dejado en el navío todos mis efectos y todos mis bienes? ¿Qué desastre iba a ocurrirme en esta soledad desconocida? Ante tan desconsoladores pensamientos, exclamé: "¡Pierde toda esperanza, Simbad el Marino! ¡Si la primera vez saliste del apuro merced a circustancias suscitadas por el Destino propicio, no creas que ocurrirá la mismo siempre, pues, como dice el proverbio, se rompe el jarro cuando se cae dos veces!"