La historia de Simbad el marino
La historia de Simbad el marino Partimos aquel mismo dÃa, y tuvimos una navegación excelente. Viajamos de isla en isla y de mar en mar durante dÃas y noches, y a cada escala Ãbamos en busca de los mercaderes de la localidad, y de los notables, y de los vendedores, y de los compradores, y vendÃamos y comprábamos, y verificábamos cambios ventajosos. Y de tal suerte continuábamos navegando, y nuestro destino nos guió a una isla muy hermosa, cubierta de frondosos árboles, abundante en frutas, rica en flores, habitada por el canto de los pájaros, regada por aguas puras, pero absolutamente virgen de toda vivienda y de todo ser humano.
El capitán accedió a nuestro deseo de detenernos unas horas allÃ, y echó el ancla junto a tierra. Desembarcamos en seguida, y fuimos a respirar el aire grato en las praderas sombreadas por árboles
Donde holgábanse las aves. Llevando algunas provisiones de boca fui a sentarme a orillas de un arroyo de agua lÃmpida, resguardado del sol por ramajes frondosos, y tuve un placer extremado en comer un bocado y beber de aquella agua deliciosa. Por si eso fuera poco, una brisa suave modulaba dulces acordes e invitaba al reposo absoluto. Asà es que me tendà en el césped, y dejé que se apoderara de mà el sueño en medio de la frescura y los aromas del ambiente.