La leyenda de Yurupary
La leyenda de Yurupary Con el primer hervor salió una cantidad de murciélagos, lechuzas y otros pájaros semejantes que se dispersaron en el espacio.
Del segundo hervor nacieron guacamayas, papagayos, periquitos y otros pájaros por el estilo, que también se dispersaron en el aire.
Del tercer hervor surgió una cantidad de pequeños gavilanes, y por último el uirá-uassú, por medio del cual Yurupary se transportó a la Sierra del Gancho de la Luna.
Rápidos como una flecha llegaron a la montaña donde estaba sentada la bella Renstalro, que tenía en la mano del corazón los ornamentos de plumas y en la otra la itá-tuixáua.
Renstalro misma invistió a Yurupary con los ornamentos de jefe sin proferir una sola palabra.
Cumplida la ceremonia, Yurupary volvió al pueblo con las primeras luces del alba, por lo que nadie se enteró del gran suceso.
Durante el día las tenuinas trataron de enterarse a toda costa, por medio de espías, de lo sucedido en la reunión secreta de Yurupary.
Con tal fin fueron elegidas las que no tenían niños pequeños.
Ya todos estaban reunidos en la Sierra de Canuké cuando apareció Yurupary vestido de tuixáua. Deslumbraba con sus magníficos ornamentos.