La leyenda de Yurupary

La leyenda de Yurupary

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La víspera de su regreso, Yurupary había recibido de manos del Sol un matiry en el que estaban contenidos todos los poderes que le serían necesarios para llevar a cabo la reforma de las costumbres.

Se sonrió pensando en los engaños de las ambiciosas mujeres, dándose cuenta que aunque la población estaba compuesta de una buena cantidad de hombres, hermanos de la Seucy de la tierra, no tenían sin embargo ningún poder decisorio, tanto se doblegaban a la voluntad materna.

La noche siguiente de su llegada, al son del nembé, maracá, iauty, los tenuinas fueron a la casa de Yurupary a ofrecerle los ornamentos de jefe.

Yurupary no los quiso aceptar porque no estaban completos, pero ordenó a los hombres que a la noche siguiente se presentaran en la Sierra de Canuké, a orillas del lago Muypa, donde debían discutir intereses comunes.

Las mujeres, que hasta entonces eran las únicas que dirigían los asuntos del pueblo, quedaron descontentas al ser excluidas de la futura reunión y se prometieron deponer a quien en tan mal momento habían elegido tuixáua, disculpándose por ello en el hecho de que él aún no había recibido los ornamentos de jefe.

Esa misma noche sacó Yurupary de su matiry una pequeña ollita y un pedazo de xicantá que puso sobre el fuego dentro de aquélla.


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