La leyenda de Yurupary
La leyenda de Yurupary ¿Quién las había reducido a tal estado? Jamás lo supo nadie exactamente. Lo cierto es que allí quedó también la misma madre de Yurupary. Quedó con la cara vuelta hacia el Oriente, señalando con la mano del corazón en dirección del Lago Muypa y con la otra hacia el árbol de pihycan, rejuvenecida, y con una sonrisa maliciosa en los labios.
Después de un castigo tan riguroso, las tenuinas, en vez de sentirse espantadas, se exasperaron aún más contra Yurupary, a quien ahora llamaban Buscan, y juraron acabar con él para poder seguir gobernando según su propio capricho.
Yurupary, para evitar nuevos castigos, decidió mandar construir una casa bien lejos del lugar donde vivían, para poder celebrar allí sus reuniones.
Llamó con tal propósito a cinco viejos de la tribu y les dio las órdenes y las instrucciones necesarias para que se trasladaran a las riberas del Aiarí y construyeran una casa con todas las comodidades deseadas.
—Pero partan de noche —les dijo Yurupary— para que nadie en el pueblo lo sepa, y cuando estén ya bastante lejos de aquí, llévense esta pussanga a la nariz y en un instante se encontrarán transportados por las nubes al Aiarí.