La leyenda de Yurupary
La leyenda de Yurupary Apenas llegó la luna a la mitad de su curso, los viejos salieron del pueblo, y cuando estaban ya bien lejos, cada uno se llevó a la nariz sus uñas de tardígrado (éste era el talismán que habían recibido) y antes de que pudieran pensarlo, se encontraron transportados sobre una roca en la orilla del Aiarí.
Como en dicho sitio no había nada que pudiera distraerlos, el mismo día eligieron el lugar donde se construiría la casa, y fue decidido, por la mayoría de los viejos, que debía levantarse sobre esa misma piedra.
Cuando apareció el sol del día siguiente, iniciaron el trabajo, comenzando por las puertas que acabaron el mismo día.
Al otro día cavaron las habitaciones que estuvieron listas antes de que llegaran las sombras de la noche.
El tercer día hicieron los asientos y los otros accesorios que fueron terminados antes del anochecer.
Así, en tres días, la Yurupary-oca quedó lista y esto porque la piedra estaba aún iaquira.
Faltaban quince días para la llegada de Yurupary y los viejos resolvieron aprovechar el tiempo explorando los alrededores.
Con el primer canto del buá-buá se metieron en el bosque, en dirección del Oriente. Caminaron el espacio de un grito encontrando un ancho camino que siguieron, y de repente oyeron ruidos, cantos y risas.