La leyenda de Yurupary
La leyenda de Yurupary —Compañeros —dijo uno de los viejos—, aquà cerca hay una aldea, ¿qué debemos hacer?
Ir hasta allá —dijeron los otros—. Estemos seguros que no nos tomarán por enemigos, y llegaremos en buena ocasión; la música nos dice que están en tiempo de fiesta.
—¡Entonces vamos!
Apenas los viejos tenuinas fueron descubiertos por los nunuibas, salió a su encuentro para recibirlos un grupo de bellas jovencitas que los invitaron a tomar parte en la fiesta, celebrada en ocasión de la boda de la hija del Ãuixáua.
Nunuiba en persona vino a saludar a los recién llegados y los condujo a la sala de la danza, dando a cada uno una maraca, signo de amistad y de paz cuando viene de las manos de un jefe.
Después de beber algunas cuia de cachiri y de capypinima entraron también los viejos en el cÃrculo de las danzas, teniendo cada uno una graciosa joven a su lado.
Éstas desplegaban en el baile todos sus encantos y con halagos y palabras trataban de excitar a sus viejos compañeros.
Dictaba el uso de los pueblos del Sol que no se rehusase nada de lo que era ofrecido y los viejos bebieron sin medida y terminaron embriagándose. Uno de ellos dejó escapar estas imprudentes palabras: