La leyenda de Yurupary
La leyenda de Yurupary —¡Qué buena tierra es ésta donde las jóvenes son todas hermosas como lo era nuestra Seucy! ¡Pero quién sabe si mañana estarán maldiciendo nuestra llegada a causa de la ley de Yurupary!
Dicho esto, se durmió.
Pronto las imprudentes palabras corrieron de boca en boca, produciendo el efecto de un remolino en la cascada.
—Se trama una traición contra nosotras, —dijo una de las nunuibas—. Debemos tratar de descubrirla pronto para tener el corazón tranquilo. Mañana cada una de nosotras, aquí o en su casa, debe obligarlos a revelar lo que se trama contra nosotras, por medio de seducciones o de sorpresas.
Aprobado el plan, decidieron que algunas de ellas irían al día siguiente a la casa de los viejos.
Y así se hizo.
Cuando los viejos volvieron a su casa, ya estaban allí las más hermosas muchachas del pueblo, apenas salidas del baño.
Abrazándolos afectuosamente, los condujeron de inmediato al interior de la casa, donde ya habían preparado las hamacas y el cudiary con la más blanca y sana mandioca recogida por ellas mismas.
Terminada la ligera merienda, los viejos buscaron reposo sobre sendas hamacas; pero no era esto lo que las astutas jóvenes deseaban.