La leyenda de Yurupary
La leyenda de Yurupary Al mismo tiempo, un viento impetuoso barrió parte de las cenizas de Ualri y las depositó en la selva vecina, y cuando todo volvió a la calma, salieron de ella gritos y cantos como de gente.
Los que presenciaban esto, huyeron asustados al ver tantas cosas extraordinarias en tan poco tiempo.
El payé fue el único que permaneció al lado de la hoguera, fumando su tauary, escrutando el futuro con su imaginación.
En el pueblo nunuiba nadie durmió esa noche esperando el regreso del payé, pero llegó el día y el payé no apareció.
Entonces el tuixáua nunuiba resolvió ir a buscarlo con sus guerreros, y cuando se aproximaron a la colosal palmera, oyeron claramente la voz del payé que decía:
—Ni un paso más si no quieren experimentar el dolor que yo sufro. De las cenizas de este myra ugarra no solo nació un nuevo tipo de gente, sino también una infinidad de animales venenosos, contra los cuales mi ciencia casi nada puede hacer. Y esta nueva gente me ha arrojado piedras toda la noche. Ni mi tauary ni mi caraiurú pudieron ayudarme a palparles la sombra; estoy vencido, ellos son más poderosos que yo. Estos animales que están sobre mi cuerpo son terribles.
Pero el tuixáua y sus guerreros no prestaron atención a sus advertencias y se aproximaron.