La leyenda de Yurupary
La leyenda de Yurupary Abrazó aquella fría mujer de piedra, hizo una promesa reafirmada por sus sollozos, y descendió al poblado.
Cuando al día siguiente el Sol llegó al cenit se oyó el tauté convocando a los hombres a una reunión.
Los hombres se reunieron y cuando estuvieron todos juntos Yurupary dijo:
—Cuando Iacy-tatá esté alta como una mano alzada, quiero que todos se dirijan al lugar de nuestra primera reunión. Deberán salir de casa sin que sean sentidos por las mujeres.
Pero antes deberán bañarse en el lago y refregarse el cuerpo con hojas de genipá, y al volver a casa cada uno deberá meterse en la boca un puñado de uosca, teniendo cuidado de mantenerlo allí hasta estar en mi presencia. El que no obre según mis palabras se volverá mudo.
Y si las mujeres les preguntan para qué fueron llamados, respondan que los llamé para mostrarles un gran nçá que cogí en el lago.
Los tenuinas notaron que Yurupary estaba triste, pues sus ojos indicaban que había llorado. Se daba cuenta que entre su gente podía haber alguno, que enamorado de su mujer, tal vez no sabría guardar el secreto, y para evitar esto fue que ordenó el baño con genipá y el maíz en la boca.