La leyenda de Yurupary
La leyenda de Yurupary Apenas llegaron los hombres a sus casas, las mujeres les preguntaron: ¿Para qué los llamaron?
—Para ver un gran uçá que el tuixáua pescó en el lago.
¿Entonces es tiempo de que los uçá vengan a la tierra?
—Cierto, si salió uno, es probable que salgan muchos.
—Si es asÃ, —dijeron las mujeres—, iremos esta noche a esperar a los uçá en la orilla del lago.
Apenas llegada la noche, Yurupary quiso saber qué habÃa ocurrido con su gente en el AiarÃ, y sacando del matiry una pequeña piedra colorada le pidió que le mostrara lo que habÃa sucedido con los suyos.
Le gustó la Yurupary-oca, admiró la belleza de las nunuibas, se rio de los viejos, pero cuando llegó a Ualri y a su venganza, arrojó la piedra contra el tronco que sostenÃa el techo de la casa.
La piedra se hizo polvo y éste se convirtió en luciérnagas que tiñeron la oscuridad de la noche.
Cuando Iacy-tatá llegó a la altura indicada, los tenuinas salieron de sus casas, y las mujeres que estaban esperando a los uçá en la orilla del rÃo, ni siquiera sospecharon. Ellos se dirigieron hacia las montañas y cuando llegaron Yurupary estaba ya sentado en el centro de una gran estera de uaruman, sobre la que ordenó que todos tomaran lugar para oÃrlo mejor: