La leyenda de Yurupary
La leyenda de Yurupary —Anoche hice una promesa que debo cumplir, y que todos los que tienen a sus madres al lado de la mÃa deben también cumplir conmigo.
Fui obligado a dar prueba de mi poder para que también los que no saben obedecer lo respetaran. Estas piedras lo demuestran.
Pero esto no fue suficiente y ahora las mujeres que están a la orilla del lago piensan que habiéndome elegido tuixáua, serÃa esclavo de su voluntad; pero los que me oyen saben que he venido para reformar los usos y costumbres de los habitantes de todos los pueblos.
Cuando estemos a las orillas del Aiarà les diré lo que debemos hacer; sin embargo el que no cumpla mis órdenes será castigado de modo terrible.
Calló. La gente, que no se atrevÃa ni a parpadear mientras él hablaba, esperó que prosiguiera, pero de su boca no salió ni una palabra más.
Miraba distraÃdo a lacy-tatá, casi como si estuviera conversando con ella.
Cuando los tenuinas vieron que ya no habÃa razón para permanecer atentos, fueron a extenderse sobre la estera, hasta que vino la madre del sueño a separarlos de su propio espÃritu.
Cuando despertaron con el soplo del viento que murmuraba entre las hojas del bosque, se hallaron todavÃa en la estera donde se habÃan adormecido, pero en las orillas del Aiarà sobre la Yurupary-oca.