La leyenda de Yurupary
La leyenda de Yurupary »Quise hablarle, pero estaba tan triste que no me atrevà a hacerlo y la dejé seguir sin molestarla, respetando su dolor con mi silencio.
»Era hermosa como un coaracy-uirá, y venÃa en esta dirección.
»—Hiciste mal, —dijeron otras voces—, apenas aparezca el Sol iremos a buscarla, porque con toda seguridad debe ser de la tribu de los bianacas; tal vez perdió el camino y ahora vaga sin saber cómo encontrarlo.
»—Si la encontramos le propondremos que sea esposa del hijo de nuestro tuixáua, y si se rehusa, la conduciremos a su gente.
»Ella oyó esta conversación y tuvo el deseo de echarse en brazos de sus salvadores.
»Cuando el Sol comenzó a teñir de rojo las raÃces del cielo, los jóvenes fueron a buscar el rastro de la muchacha, y siguiéndolo, dieron con la sapupema donde se habÃa refugiado.
»Cuando sintió que se aproximaba el rumor de sus seguidores, fingió dormir, y ellos se le acercaron. El joven hijo del tuixáua, a quien habÃa sido ofrecida su mano, quedó verdaderamente encantado de tan hermosa jovencita.
ȃl se sentó próximo a la durmiente y acercando su boca al oÃdo le murmuró:
»—Hermosa doncella, ¿qué haces tan lejos de tu pueblo?