La leyenda de Yurupary

La leyenda de Yurupary

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Movida por un instinto natural, se examinó atentamente y se dio cuenta que su virginidad ya no existía y que en sus visceras había algo desconocido.

Avergonzada, no dijo nada a su madre, y mantuvo celosamente el secreto, hasta que el tiempo se encargó de hacer evidente su estado.

Entonces, interrogada por los de la tribu, que querían vengar la afrenta del violador, con ingenuidad contó la historia del pihycan.

Después de diez lunas dio a luz un robusto niño que superaba en belleza a su madre; se parecía al Sol.

Los tenuinas, apenas supieron el nacimiento del niño, lo proclamaron tuixáua y le dieron el pomposo nombre de Yurupary, es decir, engendrado de la fruta.

Tenía Yurupary apenas una luna cuando su gente decidió preparar y entregarle las insignias de cacique.

Pero faltaba la itá-tuixáua, que era menester ir a buscar a la Sierra del Gancho de la Luna, y una parte de la tribu se alistaba ya para emprender el viaje.

Empero la dirección de las cosas en gran parte estaba en manos de las mujeres, por lo que pronto hubo opiniones diversas que dividieron a la tribu en dos bandos.

Unos querían que la tribu en masa fuera a buscar la piedra; otros que fueran los hombres solos, ya que las mujeres no podían tocarla.

Discutiendo pasaron otra luna, hasta que la desaparición de Yurupary vino a poner fin a la disputa.


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