La leyenda de Yurupary
La leyenda de Yurupary Llenas de extrañas sospechas, que desaparecían ante la realidad de los hechos, se examinaban atentamente para asegurarse que aquello no era un sueño.
Diez lunas más tarde, en el mismo día y hora, todas daban a luz, asegurando de esta manera el futuro de la gente de Tenui.
Entre los recién nacidos había una espléndida niña, que por su belleza fue llamada Seucy. La Seucy de la tierra era la réplica de la Seucy del cielo y creció hasta la edad de los primeros amores tan pura como la estrella de la mañana.
Un día quiso comer de la fruta de pihycan y se internó en la selva. Fácilmente encontró la fruta apetecida y no le fue difícil alcanzarla pues unos monos, antes de que ella llegara, habían hecho caer algunas que frescas y apetitosas estaban aún en el suelo.
La bella muchacha eligió las más hermosas y maduras, y habiéndolas amontonado frente a ella, comenzó a comerlas.
Eran tan suculentas, que parte del jugo se le escurrió por entre los pechos, mojándole las partes más ocultas, sin que ella diera a esto la menor importancia.
Comió hasta saciarse y no regresó a su casa hasta la hora de las tristezas, contenta de haber satisfecho un deseo nutrido por mucho tiempo.
Pero sentía los miembros entorpecidos por una extraña sensación jamás experimentada hasta entonces.