La muerte del Rey Arturo
La muerte del Rey Arturo 5. Cuando Agraváin se dio cuenta de las relaciones de la reina y Lanzarote, se alegró cruelmente, más por la desdicha que, pensaba, habrÃa de ocurrir a Lanzarote por ello, que por vengar al rey de la afrenta. Resultó que aquella semana tuvo que estar en Wincester el dÃa del torneo; el rey Arturo fue allà con gran número de caballeros. Pero Lanzarote, que querÃa estar presente sin que nadie le conociera, dijo a los que habÃa a su alrededor que estaba tan afligido que no podrÃa ir de ninguna manera, pero que deseaba que fueran Boores, Héctor, Lionel y los caballeros de su compañÃa. Éstos respondieron que no irÃan, pues él se hallaba tan indispuesto. A lo que les dijo: «Quiero y ordeno que vayáis; os pondréis en marcha al amanecer y yo me quedaré; antes de que volváis, si Dios quiere, yo estaré completamente repuesto. —Señor, le contestan, ya que lo deseáis, iremos; pero hubiéramos querido permanecer con vos, dándoos compañÃa». Él les respondió que no querÃa tal cosa. Y con esto dejaron estar las palabras.