La vida de Lazarillo de Tormes
La vida de Lazarillo de Tormes —¡Mira, mucho de enhoramala! —dijo él—. A los hombres de poca arte dicen eso; mas a los más altos, como yo, no les han de hablar menos de: «Beso las manos de Vuestra Merced», o por lo menos: «Bésoos, señor, las manos», si el que me habla es caballero. Y asÃ, de aquél de mi tierra que me atestaba de mantenimiento, nunca más le quise sufrir, ni sufrirÃa ni sufriré a hombre del mundo, del rey abajo, que «Manténgaos Dios», me diga.
«Pecador de mà —dije yo—, por eso tiene tan poco cuidado de mantenerte, pues no sufres que nadie se lo ruegue».