La vida de Lazarillo de Tormes
La vida de Lazarillo de Tormes De que esto me oyeron, van por un alguacil y un escribano. Y helos do vuelven luego con ellos, y toman la llave, y llámanme, y llaman testigos, y abren la puerta y entran a embargar la hacienda de mi amo hasta ser pagados de su deuda. Anduvieron toda la casa y halláronla desembarazada, como he contado, y dÃcenme:
—¿Qué es de la hacienda de tu amo, sus arcas y paños de pared y alhajas de casa?
—No sé yo eso —le respondÃ.
—Sin duda —dicen ellos— esta noche lo deben de haber alzado y llevado a alguna parte. Señor alguacil, prended a este mozo, que él sabe dónde está.
En esto vino el alguacil y echóme mano por el collar del jubón, diciendo:
—Muchacho, tú eres preso, si no descubres los bienes de este tu amo.
Yo, como en otra tal no me hubiese visto (porque asido del collar sà habÃa sido muchas e infinitas veces, mas era mansamente de él trabado, para que mostrase el camino al que no veÃa), yo hube mucho miedo y, llorando, prometÃle de decir lo que me preguntaban.
—Bien está —dicen ellos—. Pues di todo lo que sabes y no hayas temor.
Sentóse el escribano en un poyo para escribir el inventario, preguntándome qué tenÃa.