Las babuchas de Abu Kassim
Las babuchas de Abu Kassim E1 dueño de los baños pensó que el mercader tenía razón, así que decidió esconder las malolientes babuchas de Abu Kásim. Como le daba asco tocarlas, se valió de un largo palo para levantarlas, y después las depositó en un extremo de la galería, donde nadie pudiera verlas.
Cuando Abu Kásim salió de los baños, no encontró sus babuchas en el escalón de entrada, sino las del mercader, que eran nuevas ,y muy bonitas, pues habían sido confeccionadas con piel de becerro y con la mejor seda de China.
–¡Milagro! –exclamó–. Alá sabía que siempre he querido tener unas babuchas como éstas y que estaba dispuesto a comprármelas en cuanto me lo pudiese permitir. Por eso ha obrado un milagro y ha transformado mis viejas babuchas en estas dos preciosidades. ¡Gloria a Alá, que ha decidido ahorrarme unos buenos dineros con su infinita sabiduría!
Después de calzarse las babuchas del mercader, que le iban como anillo al dedo, Abu Kásim regresó corriendo a su casa, donde su cocinera estaba preparando la comida. «¡Qué extraño!», se dijo la buena mujer. «¡Es la primera vez en treinta arios que no he oído los pasos de mi amo mientras se acercaba por la calle!».
