Las babuchas de Abu Kassim
Las babuchas de Abu Kassim Mientras tanto, el mercader salió de los baños, y no logró encontrar su calzado. Olfateando el aire, se dio cuenta de que las babuchas de Abu Kásim no estaban lejos, así que las buscó hasta dar con ellas. Al encontrarlas en la galería, gritó con indignación:
–¿De modo que así es como ha hecho fortuna ese granuja de Abu Kásim: robando a las personas honradas? ¡Pues ahora mismo voy a darle su merecido!
De manera que el mercader regresó a su casa y les pidió a todos sus camelleros y esclavos que lo acompañaran a la botica de Abu Kásim. Una vez allí, derribaron la puerta, agarra ron al sorprendido avaro por el pescuezo y le dieron una buena paliza.
–¡Y ahora llamaré a los alguaciles –dijo el mercader–, tendrás que pasar unos cuantos meses en la cárcel! Los alguaciles no tardaron en llegar.
–Solo mantendremos la boca cerrada –le dijeron a Abu Kásim– si nos entregas diez mil dinares. De lo contrario, te llevaremos ante el cadí y él te dará el castigo que mereces. ¡Así se te acabarán las ganas de ir por ahí robándoles las babuchas a las personas honradas!
De modo que Abu Kásim tuvo que desprenderse de diez mil dinares para que los alguaciles le dejaran en paz.
