Las mil y una noches segun Galland
Las mil y una noches segun Galland Lo abrazó como en la ocasión precedente y, poniéndole dos piezas de oro en la mano, le dijo: «Hijo mío, lleva esto a tu madre y dile que iré a verla esta noche y que compre comida a fin de que podamos cenar juntos; pero antes indícame cómo llegar a tu casa.»
Se lo indicó, y el mago africano lo dejó ir. Aladino llevó las dos piezas de oro a su madre; y, en cuanto le hubo dicho cuál era la intención de su tío, ella salió a comprar comida y volvió con buenas provisiones; y como estaba desprovista de buena parte de la vajilla que necesitaba, fue a pedirla prestada a sus vecinos. Empleó todo el día preparando la cena; al atardecer, cuando todo estuvo listo, dijo a Aladino: «Hijo mío, quizá tu tío no sepa dónde está nuestra casa; ve a su encuentro y tráelo acá si lo ves.»
Aunque Aladino hubiese enseñado al mago africano el camino de su casa, no obstante estaba a punto de salir cuando llamaron a la puerta. Aladino abrió y reconoció al mago africano, que entró cargado de botellas de vino y de diversos tipos de frutas que traía para la cena.