Las mil y una noches segun Galland
Las mil y una noches segun Galland Esta oferta agradó a Aladino, a quien el trabajo manual disgustaba sobremanera; además, no se le escapaba el hecho de que las tiendas de ese género de mercancías eran limpias y frecuentadas, y de que los mercaderes vestían bien y eran muy bien considerados. Así que declaró al mago africano, a quien creía su tío, que sus inclinaciones iban por ese lado más que por ningún otro, y que toda la vida le estaría reconocido por lo que se proponía llevar a cabo en su beneficio. «Ya que esa profesión es de tu gusto», respondió el mago africano, «vendrás mañana conmigo y haré que te vistas limpia y ricamente, conforme al estado de uno de los más importantes mercaderes de esta ciudad; y pasado mañana pensaremos en procurarte una tienda del tipo que acabo de proponerte.»
La madre de Aladino, que no había creído hasta entonces que el mago africano fuese hermano de su marido, desechó toda duda después de todo el bien que prometía hacerle a su hijo. Le agradeció sus buenas intenciones y, tras exhortar a Aladino a hacerse digno de todos los bienes que su tío le hacía esperar, sirvió la cena. La conversación giró sobre el mismo tema durante toda la comida, hasta que el mago, dándose cuenta de que la noche estaba ya avanzada, se despidió de la madre y del hijo y se retiró. A la mañana siguiente, el mago africano no dejó de volver a casa de la viuda de Mustafá el sastre, como había prometido.