Las mil y una noches
Las mil y una noches —Padre —me dijo—, esta mañana le tomé a mi madre, sin que lo advirtiera, una de las tres manzanas que le trajisteis. La he guardado mucho rato, pero cuando estaba jugando en la calle con mis hermanos, un esclavo alto que pasaba me la ha quitado, y llevándosela, he corrido tras él pidiéndosela mil veces, pero por más que le dije que era de mi madre que estaba enferma y que vos habÃais hecho un viaje de quince dÃas en su busca, no ha querido devolvérmela, y como yo le seguÃa clamando, se ha vuelto, me ha pegado, y luego ha echado a correr por varias calles extraviadas, de modo que le he perdido de vista. Desde entonces he ido a pasearme fuera de la ciudad aguardando que volvieseis para rogaros, padre, que no le digáis nada a mi madre, por temor de que esto empeore su dolencia. Al acabar estas palabras, se puso a llorar de nuevo.