Las mil y una noches
Las mil y una noches 
SEÑOR, antes de comenzar el relato ofrecido, os diré que yo soy extranjero en este paÃs, pues nacà en Egipto, en la ciudad del Cairo. Mi padre era corredor y habÃa reunido grandes riquezas. Yo, siguiendo su ejemplo, abracé su profesión. Hallándome un dÃa en el Cairo, se me acercó un joven mercader, montado en un asno, me saludó, y enseñándome una muestra de trigo que llevaba en un pañuelo, me preguntó a cómo se vendÃa entonces la fanega.
Examiné el trigo y le contesté que la fanega costaba cien dracmas de plata.
—Pues bien —me contestó—, si hay mercaderes que lo compren a ese precio, id a encontrarme en la puerta de la Victoria, a un Kan que veréis aislado del resto de los edificios.
Dicho esto, se marchó, dejándome la muestra de trigo que yo me apresuré a enseñar a muchos mercaderes, todos los cuales me dijeron que les comprase cuanto pudiese, a razón de ciento diez dracmas la fanega.
Contento por la ganancia que esta operación me proporcionaba, me dirigà a la plaza de la Victoria, donde me esperaba el joven.
Éste me condujo a sus almacenes, que estaban atiborrados de grano, y cargamos varios asnos con ciento cincuenta fanegas de trigo.
