Las mil y una noches
Las mil y una noches 
YO nacà en Bagdad —me dijo—. Cuando cumplà los doce años, frecuenté la sociedad de varias personas que habÃan viajado mucho y contaban maravillas de Egipto y, especialmente, del Cairo. Sus conversaciones hicieron nacer en mà deseos irresistibles de imitarlas. Llegado al Cairo, eché pie a tierra en el Kan llamado de Mesrour y me alojé en el mismo almacén alquilado para depositar las mercancÃas que habÃa traÃdo conmigo, transportadas por muchos camellos.
Al punto me vi rodeado de multitud de corredores y mercaderes.
—Nosotros —me dijeron— os indicaremos un medio para que podáis vender pronto, sin riesgo, y con positivas ganancias, todas vuestras mercancÃas.
—¿Qué medio es ése? —pregunté.
—Entregadlas —me dijo un corredor— a varios mercaderes, los cuales venderán al menudeo los géneros y vos les cobráis, dos veces por semana, las ventas que hayan realizado.
Acepté sus consejos y distribuà las telas que habÃa traÃdo entre varios mercaderes, los cuales me entregaron los correspondientes recibos, firmados por testigos.
