Las mil y una noches
Las mil y una noches 
SEÑOR, en la época en que yo estudiaba medicina en Damasco, fuí llamado para ver a un enfermo a la casa del gobernador de la ciudad. El paciente era un joven de gallarda presencia, el cual, en vez de la mano derecha, me presentó la izquierda para que le tomase el pulso. No dejó de chocarme esta circunstancia, hasta que al cabo de diez días, y curado ya el enfermo, noté que le faltaba la mano derecha. Paseando un día los dos solos por los jardines del gobernador, pregunté al joven el motivo del defecto de que adolecía, y entonces me contó su historia.
