Las mil y una noches
Las mil y una noches 
COMENDADOR de los creyentes —le dije al Califa—, mi tercer hermano se llamaba Bakbac; era ciego, y como su mala suerte le redujo a mendigar, iba de puerta en puerta pidiendo limosna. Se amaestró tantÃsimo en ir solo por las calles, que prescindÃa de lazarillo. SolÃa llamar a las puertas y no responder hasta, que le habÃan abierto. Un dÃa llamó a la puerta de una casa, y el amo, que se hallaba solo, gritó:
—¿Quién llama?
Mi hermano, en vez de contestar, volvió a llamar; y aunque por segunda vez preguntó el amo de la casa quién estaba allÃ, tampoco respondió. Bajó, abrió la puerta, y preguntó a mi hermano qué buscaba.
—Que me deis una limosna por Dios —le dijo Bakbac.
—A lo que parece, sois ciego —repuso el amo de la casa.
—SÃ, por mi desgracia.
—Alargad la mano.
Alargósela mi hermano, creyendo que iba a darle alguna cosa pero tomándosela el amo, no hizo más que guiarle para subir a su habitación. Juzgó Bakbac que le llevaba para darle de comer, como le sucedÃa en otras partes, con bastante frecuencia; mas cuando estuvieron en el aposento, el amo le soltó la mano, fuese a su asiento, y volvióle a preguntar qué se le ofrecÃa.
