Las mil y una noches
Las mil y una noches 
ALCUZ era el nombre de mi cuarto hermano, él cual quedó tuerto de resultas de lo que tendré el honor de explicar a Vuestra Majestad, y era cortador de profesión. Tenía habilidad particular para criar y enseñar a topetarse los moruecos, por cuyo medio se había granjeado el conocimiento y la amistad de los principales señores, que tienen gusto en ver aquella suerte de peleas, a cuyo objeto crían moruecos en su casa. Tenía por otra parte muchos parroquianos, porque en su tienda había siempre la mejor carne del mercado, pues como era muy rico no perdonaba gasto para agenciar el mejor ganado.
Un día que estaba en su tienda presentóse un anciano con barba blanca muy larga, compró seis libras de carne, entrególe el dinero y se marchó.
Notando mi hermano que aquel dinero era muy hermoso, muy blanco y muy bien acuñado, lo puso aparte en un cofre. Por espacio de cinco meses ningún día dejó aquel viejo de ir a tomar la misma cantidad de carne, pagándola con la misma moneda, y mi hermano continuó depositándola en el lugar separado.
Al cabo de aquel tiempo, teniendo Alcuz que comprar una manada de carneros y queriendo pagarlos con aquellas lindas monedas, abrió el cofre y quedó extraordinariamente asombrado viendo que, en lugar de ellas, no había más que hojas redondas.
