Las mil y una noches
Las mil y una noches 
SABRÉIS, gran PrÃncipe de los Genios —dijo el Viejo—, que nosotros somos tres hermanos, estos dos perros que veis y yo, que soy el tercero. Nuestro padre, al morir, nos dejó a cada, uno mil cequÃes, y con esta suma abrazamos los tres la misma profesión y nos hicimos mercaderes. Algún tiempo después de abrir la tienda, mi hermano quiso traficar en paÃses extranjeros y emprendió un viaje, llevándose mucho género.
Un año duró su ausencia.
Al cabo de este tiempo se presentó un pobre pidiendo limosna a la puerta de mi tienda.
—Dios te perdone —le dije.
—Y a ti también —me respondió el mendigo—. ¿Es posible que no me reconozcas?
Entonces le miré con atención y vi que era mi propio hermano.
Le abracé, le hice entrar en mi casa, y le pedà noticias de su viaje y de su situación.
—Nada me preguntes —exclamó—, porque te afligirÃas al saber el cúmulo de desgracias que han caÃdo sobre mà de un año a esta parte.
