Las mil y una noches
Las mil y una noches 
SOY hijo único de un rico mercader de Surate. Al poco tiempo de la muerte de mi padre, disipé la mayor parte de los muchos bienes que me habÃa dejado, y estaba a punto de derrochar el resto con mis amigos, cuando senté a mi mesa a un forastero que llegó a Surate de paso para Serendib. La conversación recayó sobre viajes.
—Si fuera posible —le dije sonriendo— ir de un extremo a otro de la tierra sin tener ningún tropiezo desagradable, saldrÃa hoy mismo de Surate.
—Malek —me contestó el forastero—, si queréis viajar, yo os enseñaré el procedimiento de recorrer el mundo de una manera inmune.
Después de la comida me llevó aparte para decirme que a la mañana siguiente volverÃa a visitarme.
Asà lo hizo, en efecto.
—Quiero cumplir mi palabra —me dijo—; mandad un esclavo a buscar un carpintero y que vengan los dos cargados de tablas.
Cuando vinieron el carpintero y el esclavo, el extranjero dijo al primero que hiciese una caja de seis pies de largo por cuatro de ancho.
Mi huésped, entretanto, no permaneció ocioso, pues ayudó eficazmente al carpintero.
