Las mil y una noches
Las mil y una noches —Me llamo Gaiur —repuso el jefe del ejército—, y soy rey de la China. El deseo de tener nuevas de mi hija Badoure, casada con el prÃncipe Camaralzamán, hijo del rey de la isla de los Niños Calendas, me han obligado a salir de mis Estados. Yo permità al PrÃncipe que fuese a reunirse con su padre a condición, empero, de hacerme una visita anual, acompañado de mi hija; y hace ya muchos años que ni siquiera he oÃdo hablar de ellos.
—¡Señor y abuelo mÃo! —exclamó Amgiad—. Yo soy hijo de Camaralzamán, hoy rey de la isla de Ébano, y de la reina Badoure.
El rey de la China abrazó enternecido a su nieto, dando por bien empleado el largo viaje que habÃa hecho, y se trasladó al palacio del rey de los Magos.
Al poco rato anunciaron la llegada de otro ejército y de nuevo salió Amgiad a su encuentro, esta vez acompañado de Assad, y supieron, por algunos exploradores, que era el ejército del rey Camaralzamán.
El eunuco que habÃa recibido la orden de matarlos, compadecido del dolor de su señor, le confesó la verdad, y Camaralzamán se puso en seguida a la cabeza de un poderoso ejército con objeto de hallar a sus hijos, llegando a la capital del rey de los Magos el mismo dÃa que el rey de la China, su suegro, y la reina Margiana.