Las mil y una noches
Las mil y una noches 
ALLÁ en los tiempos del califa Haroun-al-Raschid, vivía en Bagdad un rico mercader con su anciana esposa y un hijo único, llamado Abou-Hassan de edad de treinta años.
Murió el mercader y Abou-Hassan, que, educado en el mayor recogimiento, y economía, se vió de improviso poseedor de una gran fortuna, disipó la mitad de ella en unión de alegres camaradas en quienes el joven creía tener amigos nobles y consecuentes.
Pero desapareció el último cequí; Abou-Hassan cesó de dar convites y fiestas en su casa, porque no podía disponer de las fincas dejadas por su padre, y desapareció también de su lado aquella especie de corte que le adulaba bajamente en cambio de los obsequios que recibía.
Terrible fué el desengaño de Abou-Hassan y muchas las lágrimas que derramó, herido por la negra ingratitud de sus falsos amigos; el infeliz ignoraba que los hombres, por regla general, vuelven la espalda a los pobres y a los desgraciados, por lo mismo que son los que más necesitan de los consuelos divinos de la caridad.
