Las mil y una noches
Las mil y una noches 
LOS que han escrito la historia del reino de Diabekir refieren que en la ciudad de Harán vivÃa, en tiempos remotos, un excelente rey, sabio, poderoso y muy amado de sus vasallos. El monarca tenÃa la pena de verse sin heredero, y dÃa y noche rogaba al Cielo que le diese un hijo, porque en esto consistÃa el colmo de su ventura. Apareciósele una noche, en sueños, cierto anciano de aspecto venerable, el cual le dijo que la Reina tendrÃa seis hijos, y que, por consiguiente, se verÃan cumplidos sus deseos. Despertóse el soberano muy gozoso y satisfecho, y al poco rato fueron a anunciarle que ya era padre de cinco hijos varones. El Rey, que esperaba seis, mostró gran enojo, y envió a la Reina, sin querer verla, a los dominios de su primo, el prÃncipe Samer. Cuando la Reina, llamada Pirouze, llegó a aquel paÃs, es decir, a los pocos dÃas, fué madre de otro niño, hermoso como un sol, a quien, por orden de su padre, se le puso por nombre Codadac, debiendo educarse, hasta que el Rey dispusiese otra cosa, en el reino de Sumaria.
Este buen PrÃncipe se esmeró con su sobrino, de tal modo, que el joven, a los diez y ocho años de edad, era un portento en los ejercicios guerreros.
