Las mil y una noches
Las mil y una noches 
VIVÍA en Damasco un mercader que se llamaba Abou Aibou y tenía un hijo y una hija. El hijo se llamaba Ganem, pero después tuvo el sobrenombre de Esclavo de Amor.
La hija se llamaba Fuerza de los Corazones.
Abou Aibou murió, y dejó más de cien fardos de brocatel y otras telas de seda en sus almacenes.
Los fardos estaban todos bien acondicionados y en Cada uno de ellos se leía, escrito en letras grandes: Para Bagdad.
Ganem dijo:
—Ya que mi padre había destinado esas mercancías para: Bagdad, y no pudo realizar su designio, haré yo este viaje.
Provisto de todo cuanto le convenía, se puso en camino con otros cinco mercaderes de Damasco que iban por negocios a Bagdad.
Alojáronse en el más famoso Kan de la ciudad; pero Ganem, que quería alojarse con más comodidad y como uno de los vecinos, no tomó en él habitación. Se contentó con dejar allí almacenadas sus mercancías, para tenerlas en seguridad, y arrendó una hermosa casa, ricamente alhajada.
No le quedaba ya más que uno de los fardos heredados cuando un día salió a la plaza pública.
