Las mil y una noches
Las mil y una noches 
ERASE un pescador viejÃsimo y tan pobre que apenas ganaba para mantener a su esposa y a sus tres hijos.
Cierto dÃa, después de haber echado sus redes inútilmente por dos veces, sintió gran placer al notar que, a la tercera, pesaba de tal modo la red que a duras penas podÃa tirar de ella hasta la orilla.
¡Pero cuál no serÃa su desencanto viendo que sólo habÃa pescado cascajo, piedras y el esqueleto de un asno!
Rezó, empero, una fervorosa plegaria, echó las redes por cuarta vez y, cuando las hubo sacado a la playa, observó, con sorpresa, que contenÃan una copa de bronce cuidadosamente cerrada y con un sello.
—Bueno —se dijo—, la venderé al fundidor y con su producto compraré una medida de trigo.
Tomó su cuchillo y tras no poco trabajo logró romper el sello y destapar la copa. La volvió boca abajo, pero no salió nada. Entonces se la acercó a los ojos y, mientras miraba atentamente a su fondo, salió una columna de humo densÃsimo que se elevó hasta las nubes, y extendiéndose sobre el mar y las montañas formó un negro nubarrón.
Cuando todo el humo salió de la copa, apareció un Genio cuya estatura era dos o tres veces mayor que la de un gigante.
