Las mil y una noches
Las mil y una noches 
SEÑOR —dijo la sultana Scheznarda—, uno de los antepasados de Vuestra Majestad, que ocupó largos años el trono de las Indias con aplauso y admiración de los pueblos, tenía la dicha de ver que sus tres hijos, cabales imitadores de sus virtudes, y una princesa sobrina suya, eran el realce y el principal ornamento de la Corte. El mayor de los príncipes se llamaba Husán, el segundo Alí, el más pequeño Amed, y la sobrina tenía por nombre Nuruniar.
Era esta última hija de un príncipe, hermano menor del Sultán, el cual murió a poco de haberse casado, dejando a la joven encomendada al afecto y a la protección de su tío. El Sultán la hizo educar en Palacio con los Príncipes sus primos, y Nuruniar reunía a una extraordinaria belleza, un claro talento y el alma más inocente y bondadosa que pueda imaginarse. Así es que los tres Príncipes se prendaron de ella, acontecimiento que sintió mucho el Rey, porque preveía que iba a ser origen de disgustos y desavenencias entre sus hijos. Los llamó uno por uno para disuadirles de su propósito y hacer que dejasen libre en su elección a la Princesa; pero el buen padre nada pudo conseguir, y entonces reunió a los tres y les dijo:
